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Por exceso o por defecto, el azúcar puede convertirse en un veneno para
las personas diabéticas. En la búsqueda de un páncreas artificial
perfecto, que supla las anomalías del fisiológico, un grupo de expertos
estadounidenses ha dado con dos claves esenciales para este dispositivo.
Se debe tener en cuenta que la insulina se comporta de forma distinta
en cada paciente y que, además de administrar esta hormona, se debe
suministrar otra, el glucagón, implicada en controlar los niveles bajos
de glucosa.
Hasta ahora, lo más cercano al páncreas artificial son las bombas de
infusión continua de insulina, conectadas al paciente por vía
subcutánea, y que se complementan con un sensor de glucosa que va
midiendo los niveles de azúcar. Por el momento, ningún sistema funciona
de forma completamente autónoma y, a menudo, no se puede evitar la
aparición de hipoglucemias (bajadas de azúcar) más o menos graves.
Conscientes
de este vacío, los investigadores de la Universidad de Boston y el Hospital General de
Massachusetts (EE.UU.) pusieron en marcha un ensayo para probar la
eficacia de un sistema que administrara no sólo insulina, cuando las
cifras de glucosa son elevadas, sino también glucagón, una hormona que
evita el fenómeno contrario, la disminución de azúcar. Sus resultados
aparecen recogidos en 'Science Translational Medicine'.
Firas H.
El-Khatib y su equipo probaron, por primera vez, su sistema en humanos
(antes lo habían hecho en cerdos): 11 personas con diabetes tipo I
analizadas durante periodos de 27 horas seguidas. Para tratarlas,
aplicaron un nuevo algoritmo matemático que traduce las mediciones de
azúcar en pautas de administración de insulina y/o glucagón. "El
páncreas de las personas con diabetes tipo I no cuenta con células beta,
las que producen insulina, porque su sistema inmunitario las ha
destruido. Las células alfa, encargadas de liberar glucagón, sí están
presentes pero no funcionan adecuadamente. Por eso, son susceptibles a
sufrir tanto una subida de azúcar como una hipoglucemia", explica Steven
Russell, uno de los autores, a ELMUNDO.es.
DISTINTOS
EFECTOS EN CADA PACIENTE
Su trabajo científico no sólo
destaca por el uso 'bihormonal' sino también porque demuestra que cada
paciente absorbe la insulina de forma distinta. De hecho, la primera vez
que los expertos probaron este páncreas artificial, cinco de los 11
participantes experimentaron una hipoglucemia.
"Lo normal es que
la insulina alcance su mayor presencia en la sangre transcurridos entre
30 y 90 minutos de su administración. Sin embargo, vimos que estos
tiempos variaron mucho. Por ejemplo, un paciente presentó ese pico
máximo a los 191 minutos", añade Russell.
Por eso, en una
segunda fase, se modificaron una serie de parámetros basados en esta
distinta absorción hormonal. Como resultado, se logró evitar las caídas y
subidas drásticas de azúcar en todos los participantes.
LIMITACIONES
PARA SU APLICACIÓN CLÍNICA
Sin restar importancia a
estos hallazgos -nunca se había empleado el glucagón de esta manera ni
se había diseñado un algoritmo tan específico- un artículo, publicado en
la misma revista, destaca algunas de sus posibles limitaciones.
Sus
firmantes, Larry Brown y Elazer R. Edelman, comentan que en el páncreas
confluyen distintas hormonas, no sólo las dos citadas, que también
deberían tenerse en cuenta. Y aclaran que administrar glucagón puede
suponer un reto ya que es una sustancia muy inestable.
A la hora
de llevarlo a la práctica clínica, el editorial también se refiere a la
forma elegida para controlar los niveles de azúcar. En el ensayo de
El-Khatib, éstos se midieron cada cinco minutos y directamente por vena;
algo que no parece muy viable a la hora de desarrollar un dispositivo
portátil.
En este sentido, se expresa Alfonso Calle, jefe del
servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico de Madrid. Reconoce la valía del
nuevo ensayo, sobre todo del algoritmo diseñado, pero aclara que el
sistema todavía está lejos de llegar a los pacientes.
"Las bombas
de insulina aprobadas en la actualidad miden la glucosa en el tejido
intersticial, pinchando el abdomen, y la cifra que obtienen cuenta con
20 minutos de retraso. Muestra la presencia de azúcar de entonces, no de
ese momento. En la vena o por el tejido capilar (en el dedo) sí se
logra un resultado real, pero no son métodos factibles ni tan cómodos.
Una persona, por ejemplo, no se puede pinchar el dedo cada cinco
minutos", explica.
Como él mismo añade, también sería necesario
replicar este ensayo pero con enfermos que no estén en una situación
'ideal'. Es decir, sin estar hospitalizados y sin que se controle su
comida o pudiendo hacer ejercicio. Estos dos factores -alimentación y
actividad física- son esenciales para el equilibrio de este trastorno.
ALTERNATIVAS
AL PÁNCREAS ARTIFICIAL
Aunque la investigación en el
área del páncreas artificial está muy desarrollada, no es la única vía
abierta en torno al tratamiento de la diabetes tipo I. De hecho, Brown y
Edelman comentan en su artículo de opinión el importante papel que
podrían desempeñar, en un futuro, las "terapias celulares", como el uso
de células madre indiferenciadas, tanto embrionarias como adultas, para
producir nuevas células beta trasplantables a pacientes.
Otra
opción son los ya habituales trasplantes de islotes pancreáticos (donde
se encuentran las células endocrinas del páncreas). Éstos provienen de
donantes y se introducen con un catéter a través de la vena porta y se
implantan en el hígado.
El trasplante de islotes en hígado, sin
embargo, no es eficaz a medio plazo, tal y como comenta Pedro Herrera,
profesor de la facultad de medicina de la Universidad de
Ginebra (Suiza). "Es un trasplante y, como tal, necesita que los
pacientes reciban una terapia inmunosupresora que, como se ha sabido
recientemente, también acaba destruyendo las células beta que han sido
implantadas".
Precisamente, Herrera es el autor principal de un
estudio publicado en 'Nature'
y en el que se trata otra de las nuevas claves para vencer la diabetes
tipo I: la regeneración.
"Queríamos saber si es posible que un
páncreas adulto en el que todas las células beta han sido destruidas,
como es el caso de los pacientes diabéticos tipo I, puede regenerar
nuevas células beta [...] Desde hace tiempo los médicos saben que hay un
número reducido de células beta que persisten en personas que han sido
diabéticas durante años; la cuestión era saber si éstas han sobrevivido
al ataque del sistema inmunológico, que es el problema propio de la
diabetes tipo I, o si son de nueva aparición".
Este ensayo,
realizado en ratones transgénicos adultos en los que se puede inducir de
forma selectiva la eliminación de las citadas células, y que además no
tienen el problema inmunológico, sugiere que la segunda opción es la
correcta. El páncreas de ratones adultos puede regenerar hasta un 10% de
la masa de células beta presente en un páncreas sano.
La segunda
observación sorprendente realizada por el equipo de este investigador
español de la Universidad de Ginebra es que la fuente principal de
regeneración de estas células beta es precisamente las células alfa (que
liberan glucagón).
En efecto, los investigadores observaron que
la pérdida masiva de células beta induce la conversión
("reprogramación") de una parte de las células alfa en las fabricantes
de insulina. Y que esto ocurre de forma espontánea, sin necesidad de
inducir ningún proceso.
Autor: María Sainz. El Mundo.
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